Si vis pacem, para bellum.
Me resulta muy curioso ver noticias como la rebaja fiscal que el gobierno plantea aplicar a grandes financieros (del 43% al 18% el IRPF por rendimientos de capital), quedan camufladas gracias al comodín de la “cuestión vasca”. Criminalizando de nuevo a la IA (no estaría de más que los que se dicen periodistas, mantuvieran una relación aunque solo fuera por profesionalidad, al menos con una persona de la coalición abertzale), para barrerla de una vez por todas de la faz de la tierra.
Ahora el verdugo (que ejecuta su trabajo pero en este caso sin ser requeridas “sus artes”, sino de una forma directa y voluntaria por oscuros intereses) se hace la víctima. Por supuesto, una vez más pagan los de siempre. Es decir, los que menos tienen, son los que más dan y por tanto pagarán de nuevo los excesos de los amigos del lujo y el ocio.
Por tanto, ahora de forma directa se les aplican ventajas fiscales a quienes todos y todas sabemos que cometen los mayores fraudes a la hacienda pública de forma sistemática, ya que ningún gobierno se atreve a echar mano ni siquiera a sus cuentas legales.
Más mamoneo, este año no solo presentarán sus “curiosos” balances, sino que pagaremos de una forma o de otra las rebajas que se les apliquen. Eso sí, siguen defendiendo más facilidad en el despido de trabajadores (¿es posible poner todavía más facilidades?) para solucionar su crisis que nos hacen pagar.
Pero hay algo que se respira en el ambiente (quizás por cansancio de escuchar día tras día las mismas noticias y no solucionar nada) impregnado del aire fresco que transmiten las protestas en Grecia (todas las protestas) y que lejos de ser cuatro desalmados tal como quiere hacernos creer los medios oficiales, a nadie se le escapa que es una respuesta global de estudiantes, trabajadores y colectivos sociales. Unos de una forma y otros de otra, todos tratan de realizar un cambio necesario por el bien común y no por mantener los privilegios de cuatro.
Intentan asustarnos mostrando escaparates destrozados de las tiendas de Zara en Grecia (esa marca comercial que “tan bien” trata a sus trabajadores y que “garantiza sus derechos” como el de huelga), como si creyéramos que eso nos perjudicara aún más a los que nos toca sufrir sus desmanes. Vendiéndonos la moto de que no son más que una panda de delincuentes descerebrados y violentos, quienes realizan estos actos de “vandalismo y pillaje”.
Una vez más, intentaré hacer de abogado del “diablo”.
Sepan que precisamente estas personas no visten con Zara y no rompen sus lunas para “robar”, pero sí que sufren sus consecuencias. Muchos y muchas son los que han probado en sus carnes las oportunidades que nos brindan este tipo de empresas, ya que han obtenido algún trabajo precario en uno de estos grandes negocios (por lo grandioso de sus ganancias que no comparten en absoluto).
Los “vándalos” no han asesinado a nadie (¿se puede decir lo mismo las fuerzas del orden público?) y si destrozan esos cristales es porque están cansados de esos abusos de poder, de la miseria que poco a poco avanza en sus vidas. Tan solo buscan cambiar de verdad un sistema enfermo, donde cuatro poderosos financieros no dirijan un mundo enfermo, contaminado y que condena a una grandísima parte de su población a la más absoluta de las miserias, e incluso vulnera los derechos más básicos, ya que millones tan solo intentan subsistir. Quizás merezca la pena romper esos cristales si se acaba con esto y podemos construir un mundo nuevo (pero de verdad).
Media Europa tiene sus ojos fijos en Grecia y se realiza una pregunta. ¿Qué puede pasar aquí? Y la respuesta la tienen los gobiernos, de ellos dependen solucionar este descontento general.
La gente tiene miedo al paro, a la pérdida de poder adquisitivo… pero todo tiene un límite y si este se supera, nos vemos en la misma situación que la cuna de la civilización europea.
Cada vez son más los casos y en menor espacio de tiempo donde se suceden este tipo de revueltas, ya que esto es una prolongación de la “chusma” que quemaba coches en Francia. Por lo tanto, deben de recapacitar quienes nos mandan (tanto el gobierno, como quien dirige a estos), si es que no quieren poner en peligro su estatus.
Desde Mayo del 68 hasta Diciembre del 2008, han pasado poco más de 40 años, pero nunca hemos estado más cerca de volver a repetirlo. ¡Exige lo imposible! ¡La imaginación contra el poder! Eran eslóganes que se podían leer en las fachadas parisinas de entonces y perfectamente se pueden volver a leer a día de hoy.
Preparemos pues la “guerra”, si es que queremos la paz.

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