Crucemos la Línea!
De eso se trata. Intentamos cruzar la línea… pero realmente no sabemos dónde está, ni cuan ancha es su gravedad!
Existen dos interrogantes, a saber: porqué queremos cruzar la línea? y… cuándo podemos hacerlo?
Primero definamos la línea… ya que la misma es una inexistencia en lo tangible, sólo está instalada dentro de los marcos conceptuales de la conducta social, cuyo único látigo a la transgresión es la marginación al individuo.
Toda sociedad se conceptúa en sus valores morales y éticos, sea cuales fueren, resultando ser el amalgamante de los individuos que comparten el mismo espacio físico, representado en los símbolos patrios que se enarbolan para diferenciarse de otras culturas y valorizaciones.
En épocas pasadas los espacios éticos se encontraban muy diferenciados, permitiendo a cualquier individuo elegir asentarse donde sus deseos lo empujen sin mas herramientas que el caminar de un lugar a otro.
En nuestra era encontramos unificada la concepción de las sociedades, respondiendo a una moral universificada y a una ética rasante, permitiendo compartir a los pueblos intercambios sin considerables variaciones básicas, respondiendo con entes internacionales para sostener la uniformidad de las conductas.
Esta homogeneización de la conducta social direccionó a una educación donde se responden a los principios generalizados, permitiendo gratuitamente al ingresante sumergirse en las normas bajo coacción de la diferenciación, señalando lo criteriosamente bueno y menoscabando su opuesto hasta la humillación, aduciendo que la elección es la base de la democracia monetarizada.
Correctamente estructurado, el sistema provee de todas las pautas de juego en forma homogénea, sin diferenciar de que lado se encuentra el individuo en entrenamiento, mezclándose en el medio social quienes están dentro del lateral de las posibilidades materiales ilimitadas de quienes el horizonte está delante de su rostro.
Este química despierta la ambición del luchador que desea ubicarse enfrente, ya sea por simple curiosidad o por mera necesidad, entablándose una deseo motor de estar dentro pero salir afuera… sin alejarse de la posibilidad de volver, ingresando en un terreno de combate donde las armas morales son diluidas y la conducta ética es valorada de acuerdo a las circunstancias sin miramientos conceptuales, exigiéndose transgresión como pauta de arrojo y valentía.El combustible que se utiliza dentro de éste campo virtual es la insatisfacción, ya que lo enseñado somete al individuo a la aceptación sin replanteos, colocándolo dentro de la utilidad formal de su expansión de vida, que fagocita a las inquietudes y al desarrollo espiritual en pos de la acumulación.
Saltar la línea no responde sólo al deseo inquietante de lo novedoso, sino también a la poca oferta que depara el mercado social, ya que dentro de lo convencional se denomina progreso al posicionamiento de pertenencia tanto material como de clase, degradando al abandono a quién no provee al sistema de la rentabilidad de su esclavitud laboral.
Esta presión contradictoria decorada de progreso tecnológico no aporta lo suficiente al corazón, obligando al personaje ciudadano a recurrir a su propia iniciativa para proveerse del alimento que también consume, desoyendo en su camino a las advertencias formales de subyugación.
El salto al vacío de la aventura es la consecuencia de un torre nada elevada que la sociedad globalizada promete como futuro jubilatorio, ya que el ostracismo no es precisamente la forma de la ambición humana… demostrándose una vez más que la visión de los gobiernos no se aleja de sus salarios más allá del trono que ocupa.
Tener experiencias significativas resulta ser el común denominador de todos, permitiendo al anonimato reaparecer en escena destellando lo oprimido expresándolo libremente… siempre hay oídos que escuchan!

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Cruce la línea… y vale la vida!