Huelgas y “huelgas”.
El derecho a huelga, es uno de esos derechos básicos en cualquier sociedad. Pero últimamente está cobrando un significado diferente al que supuestamente se le debe de otorgar.
El reciente caso de los pilotos de la aerolínea Iberia o la amenaza de los jueces, nos demuestran hasta qué punto se pervierte este derecho inalienable de los trabajadores, en estos tiempos modernos.
Es curioso que en estos días donde la clase obrera ha ido perdiendo esta herramienta de lucha, que permite defender sus intereses ante una patronal cada día más déspota, sean otros en situaciones totalmente diferentes a la de la clase trabajadora, quienes utilicen esta herramienta.
Las huelgas patronales son una realidad que afecta a los trabajadores, que se ven obligados a realizar una huelga que en realidad, ni les va, ni les viene (¿retribuirán a sus trabajadores el día que han sido obligados a no trabajar?).
El caso de los pilotos, simplemente se trata de un rostro de cemento armado. Demostrando que son un gremio poco ético, ya que mucho hablaban de las penosas condiciones de los aviones cuando el fatal accidente de Barajas y a la hora de actuar, tan solo se preocupan de sus honorarios. Por lo que demuestran que poco o nada les importa en verdad la seguridad de los aparatos que pilotan y por ende la vida de quienes durante el vuelo, depositan su confianza en ellos.
Pilotos los cuales, en muchos casos provienen del ejército, ya que se utilizaba para aprender a pilotar los aviones con la intención de pasarse posteriormente a la aviación civil. Por lo que en estos casos, somos una vez más quienes pagamos a los caraduras para que luego nos devuelvan el favor fastidiándonos.
Pocas profesiones conozco que estén tan bien retribuidas y reconocidas como la de piloto, quizás la de político de alta alcurnia.
Luego tenemos los casos de aquellos que por su labor como parte del estado, no pueden realizar huelga alguna y aún así en muchos casos, la hacen (otro ejemplo de cómo nos mangonean con el dinero que aportamos como contribución).
Este tipo de instituciones al igual que los pilotos, pertenecen a un escalafón diferente a la del resto de los trabajadores, con la salvedad que el daño puede ser mayor. No se puede olvidar, que estas personas no trabajan en la empresa privada y que están en su puesto a través de unas oposiciones o pruebas de diversa índole dependiendo del trabajo a realizar. Por tanto deben de asumir que no tienen derecho a huelga y si no les gusta esto, que se marchen.
Quizás existan casos en que la retribución realmente sea pésima para labor que desempeñan (o dicen desempeñar), pero me remito de nuevo a lo expuesto antes, nadie les obliga a estar allí.
Es triste ver como la verdadera clase obrera no pierde el miedo y el conformismo ante una situación que empeora por momentos, abandonando las viejas tácticas tan legítimas que se empleaban, no solo para mantener sus puestos de trabajo o aumentar sus salarios, sino para defender su dignidad y que tanta sangre les costó. Mientras la “jet-set” de la clase trabajadora, se aprovecha de esta situación para chantajear y sacar provecho a costa de fastidiar al ciudadano.
Esto debe cambiar, volver a su cauce. Quienes realicen este tipo de huelgas, deben de pagar un coste que le haga plantearse el hecho de repetir una huelga de este tipo. Ya que es muy injusto que mucha gente ni siquiera pueda sindicarse, por ejemplo en una cooperativa por estatutos (quizás deba de replantearme el principio del cooperativismo), cuando su función es cobrar en caja a los productos que adquieren de un establecimiento los clientes o los trabajadores que sufren represalias por secundar una huelga legítima (o ni siquiera poder plantearse realizarla) y por otro lado, quienes disfrutan de un buen estatus se dediquen al chantaje mafioso.
Trabajadores, recuperemos lo nuestro. ¡A la huelga 10, a la huelga 100…!
Tag: empleo


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